Escritora: ¿Somos unos vendidos?

Hoy quería hablar de tres facetas artísticas y del dinero. O más bien de la diferencia entre los que están en la cima y los que están bajo el suelo enterrados como topos. Y también de la diferencia del éxito en escritores y el resto de artistas.

Es bien sabido por todos que cualquier carrera artística es difícil. Los que trabajen 40 horas semanales + horas extras en cadenas de montaje nos llamarán pintamonas de mierda y llegarán a su casa reventados y no querrán pensar, solo ver la tele. Pero tendrán un sueldo. De la dignidad de ese sueldo hablaremos más adelante.

Primero, hablemos de las siguientes tres facetas artísticas: el dibujo, la música y la escritura.

Cuando empieces en cualquiera de las tres te prostituirás por visibilidad. Subirás mil dibujos a deviantart y comentarás a otros artísticas con la esperanza de que le den click a tu perfil. Harás un evento por facebook para que tus colegas, los que más te quieren vayan a verte tocar en un concierto gratuito muy mal montado, y si eres escritor te leerá tu madre y te mentirá y te dirá: “Que bien, cariño”.

Serás malo. Muy malo cuando empieces. Como todos al principio.
Será horrible intentar sacar la cabeza de la tierra, en la profundidad que estás metido y te sentirás obligado a reverenciar a aquellos que subieron a la cima en un ascensor alado o sino serás tachado de envidioso.

¿Cuantas críticas tendrá que soportar un dibujante de gente que no sabe ni hacer un monigote de palo?
¿Cuanta gente se saldrá de la sala para fumar aprovechando que eres una banda telonera de una más grande?
¿Cuanta gente te perdonará la vida leyéndose tu libro hasta el final a pesar de no gustarle?

Muchísima

Y más, cuando algún día decidas que tu arte tiene un precio, porque al parecer estas cosas se hacen “por amor al arte” porque queremos ser bohemios y agrandar nuestros ya gigantes egos. Tus amigos que te apoyaron al principio por amistad, querrán muestras gratis por ese apoyo que te brindaron al principio y que resulta que era falso y condicional. Condicional a que si tienes un mínimo de éxito, lo compartas con ellos y ellos a cambio hablarán de ti con la gente. Servirás como tema de conversación en una aburrida mañana tomando café con los compañeros: “¿Sabes que tengo un amigo artista?”

[…]

Las peticiones de “amigos” en pro de tu arte:

“Hazme un dibujo tuyo de esos, anda”.
“Cuélame al bolo que no tengo tanta pasta”.
“Mándame tu libro y me lo leo”.

Y aquí no sé cual de los tres está peor pagado. Al que se lo piden de gratis o al que se lo piden y además le insinúan que le hacen un favor. Al parecer es un FAVORAZO que alguien te haga una petición de tu arte, tú que te has tirado horas y horas practicando una habilidad para hacerlo con facilidad. “Si no te cuesta na…”. FAVORAZO que quieran verte y hacer bulto en tu concierto porque quizás haya un cazatalentos y la gran cabeza de tu amigo les haga pensar que tenéis fans. FAVORAZO que se lean tu libro en el que has invertido meses de trabajo y que malvendes cual prostituto y su maravillosa opinión seguramente sea “está guay”.

También llegará el día que te pregunten sobre tus motivaciones y aquí hay una larga lista de pretensiones de la que vamos picando, quizás sin entender que en realidad son excusas en un cajón de sastre y que soltamos para satisfacer al preguntón de turno. (Permitidme, como escritora, aludir a la escritura, aunque creo que son intercambiables).

Escribo porque siento.
Escribo por y para las musas caprichosas.
Escribo porque tengo algo que contar muy dentro de mi.

ETC.

Sabes que si dices que quieres escribir/pintar/tocar por dinero la gente se llevará las manos a la cabeza y dirá:

“¡Habráse visto el ególatra este! Quiere cobrarnos por nuestro ocio, ¡cuando sin nosotros no es nada!”

Y yo contestaré:

“Señor, no somos parásitos. Le ofrecemos algo que llene su vida cuando no esté en su trabajo de mierda: ocio, entretenimiento y felicidad. A cambio, ese será mi trabajo: crear. Me gustará más que a usted el suyo, pero recuerde, que yo no cobro todos los meses y se fustiga mi ego tanto como su cuerpo. Yo también tendré que tener un trabajo para poder pagar mis facturas, estaré pluriempleado. Un empleo me gustará más que otro y el tiempo dirá si valdrá la pena el esfuerzo. Si nadie escribiese nada. Si nadie diese vida a nada. ¿Donde estaría el ocio que llena los ratos grises de su vida cuando no está en su trabajo?  ¿Usted que es sin nosotros?”

En la época moderna de marketing, que nos obliga a prostituir ese trabajo, que muchas veces se hace en el tiempo libre se han creado expresiones para vender el supuesto éxito:

Llenar estadios de fans en un concierto.
Llenar galerías de arte en una exposición.
Vender X libros.

Y aquí es donde quiero hacer una distinción para los escritores, que no sé si son víctimas del marketing o fieles al lenguaje, tan fieles que han caído en una vil trampa.

Está claro que el éxito y talento de los músicos también se mide por ventas de discos, pero siempre tienen la magia del directo. Los artistas, que venden un original por miles de millones de euros implica calidad en un mismo producto, así como la visión y la exposición es muchas veces gratis. Pero los escritores, ay, esos, creadores de mundos, cuyo éxito se mide en copias y en la cesión de sus obras para uso en otras plataformas que les den más vida. Como si fuese un arte arcaico que solo unos pocos entienden y que hay que traducir en forma de imágenes secuenciadas.

Ni se te ocurra usar tu mismo esta fórmula de marketing para hablar de tus objetivos. Es impropio de un artista decir que quiere “Vender cierta cantidad de ejemplares de su obra”.

Porque eso lo convertiría en un vendido.

Y más aún. Las nuevas tecnologías nos han hecho malvender nuestras obras a preciosa bajísimos en comparación con autores reconocidos. Somos como las zapatillas chinas de baja calidad. O al menos, así se nos ve. Mientras que Nike podrá sacar el zapato más feo de la historia, ser elogiado y vendido por encima de un precio que merecería la pena.

Me he planteado, yo que estoy escribiendo una colección de relatos, si es ético vender ésta a 3€ ya que veo muchos compañeros vendiendo sus obras por 1€. Tengo claro que esa diferencia de 2€ no me va a sacar de pobre y realmente siento que debería venderla por 3€. Pero también quiero que me lean, por supuesto. Pero esa nimia diferencia de 2€ puede hacer la diferencia. Al final y al cabo, los sueldos, tanto del trabajador medio como del artista, con irrisorios.

En realidad, acabamos siendo unos vendidos, por amor al arte.

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